Salir del programa. El mito de la caverna

Tras casi 2500 años de recorrido, el mito de la Caverna de Platón sigue inspirándonos y siendo objeto de reflexión filosófica. Traspasa inexorablemente las barreras del espacio y del tiempo, quizás porque se acerca a la Verdad eterna, no sujeta a condiciones limitadoras. En Nueva Acrópolis Zaragoza hemos querido traer de nuevo este célebre mito.

Existen dos clases de ignorancia, nos dice Platón, la de aquellos que piensan y creen que ya lo saben todo (cuando en realidad es todo lo contrario) y por lo tanto no se preocupan por saber. Esta es la figura del esclavo en el fondo de la caverna, que piensa que es libre, cuando en realidad está atado a las cadenas desde su nacimiento. Es una pseudo libertad porque es lo único que conoce y tampoco se preocupa por cuestionarse su situación, más allá de satisfacer sus intereses personales y actuar para encajar en la “sociedad de esclavos”.  Platón afirma que ésta es la peor clase de ignorancia, porque te mantiene atado sin poder liberarte, aparte de que justificas y promueves tu esclavitud al mismo tiempo.

El otro ignorante es el que reconoce que no sabe y en consecuencia se pone en marcha para conocer. Esta es una ignorancia consciente y activa que incita al descubrimiento, la responsabilidad y la acción. Aquí tenemos al esclavo que intuye que esa vida oscura en el fondo de la caverna es una farsa y decide liberarse de las cadenas. Es el filósofo que no tiene la sabiduría, pero se determina a encontrarla y aplicarla en su vida. Es el que va al encuentro de la luz que penetra por la abertura de la caverna y que proviene del SOL exterior, símbolo del BIEN.

Así, el liberado tendrá que esforzarse por salir de la caverna y una vez afuera, disfrutará de su auténtica libertad y de la grandeza de la naturaleza. Sócrates, que es quién narra el mito a sus amigos en la República, les pregunta si habría alguna razón por la que el esclavo, ahora libre y feliz, decidiera volver a las penurias de la caverna. “Es imposible que pudiera volver al cautiverio, después de haber conocido la vida en todo su esplendor” le contestan a Sócrates, y éste les responde que habría un motivo por el que volvería a entrar en la caverna: por AMOR a sus semejantes.

 

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