Sócrates y el viaje interior

Nueva Acrópolis Sabadell ha tenido el placer de presentar la conferencia Sócrates y el viaje interior, a cargo de Enrique Galbis, profesor de Filosofía Comparada de Oriente y Occidente y exdirector de la sede de NA Barcelona.

Y digo un placer… para los sentidos, ya que nos ha hecho recordar a esa gran figura de la filosofía que es Sócrates, filósofo griego del s. V a. C., considerado el fundador de la filosofía occidental y el más importante de la filosofía ética y moral.

Es curioso cómo la gran obra de este gigante de la filosofía nos ha llegado, ya que él nunca escribió nada ni tenía una escuela propia donde impartir sus enseñanzas; él hablaba por la calle a quien quisiera escucharle. Pero fueron sus discípulos quienes se encargaron de recopilar y difundir sus enseñanzas: en especial, Platón en su Diálogos, Jenofonte con su Apología y los textos de Aristóteles y Aristófanes. Y es gracias a los diálogos de Platón como tenemos la fuente de información más fidedigna que poseemos actualmente.

Alcibíades cuenta, en El banquete de Platón, que Sócrates por fuera era como un sátiro feote de nariz chata y ojos saltones y pequeño de estatura, pero que, por dentro, era bellísimo, algo de lo que te dabas cuenta enseguida cuando empezaba a interrogarte con sus numerosas preguntas; era muy diestro usando la razón y el sentido común, a eso nadie le ganaba. Y tenía su pequeño daimon, esa voz interior entre divina y mortal que le avisaba antes de decir algún disparate o cometer una imprudencia; lo malo es que luego no le indicaba cómo proceder para lograr el camino correcto, tenía que deducirlo haciendo un esfuerzo de trabajo y reflexión interior.

Fue el promotor de la búsqueda de la verdad a partir de la dialéctica y quien dio nombre a un método pedagógico que invita a la reflexión más que a la obtención de respuestas, el famoso método socrático. Este método, de carácter inductivo, se basa en la dialéctica y consiste en hacer a

florar la verdad, concebida como algo que está latente en el alma humana y que se realiza interrogando al interlocutor sobre una cuestión y, rebatiendo su respuesta mediante el establecimiento de conceptos generales, se llega a un nuevo concepto que sustituye al anterior, que era erróneo. Por otro lado, su mayor felicidad era transmitir a los ciudadanos de Atenas el sueño de que sus vidas sirvieran para perfeccionarse humanamente, desarrollando virtudes y valores; a esto se le llamó mayeútica, del griego, ‘parir’ u ‘obstetricia’. Se enorgullecía de hacer “nacer almas”, ciudadanos con una conciencia humana más elevada; curiosamente, su madre fue comadrona.

En resumen, un hombre de razón que obedece a una voz interior dentro de su cabeza, y un hombre ejemplar a quien, por desgracia, el Estado ejecutó por su propia conveniencia.

A Sócrates le debemos la existencia de las grandes escuelas de filosofía. Antes de él, a los filósofos que le precedieron se les conoce como los presocráticos, que venían de fuera de Atenas, pero la primera escuela de filosofía como tal fue la Academia de Platón. Otras escuelas de raíz socrática importantes son la cínica y la estoica. Sócrates fue contemporáneo de Pericles, en pleno siglo V a. C., cuando Atenas empieza a alumbrar ideas como el teatro, la democracia o la arquitectura clásica, que nos ha legado la gran obra del Partenón,y es entonces cuando se empieza a codear y discutir con los sofistas y gracias a ello es como llegó a ser famoso en toda Atenas.

Nunca se consideró un profesor; de hecho, jamás quiso cobrar por sus enseñanzas, lo que le hizo vivir como un pobre pasando muchas penurias, y sirva de prueba lo que está relatado por él mismo en la Apología de Platón.

En el año 399 a. C. se presentó una acusación contra Sócrates por tres cargos: 1- No creer en los dioses griegos e introducir otros nuevos. 2- Corromper a la juventud. 3- Ser sofista y enseñar la astronomía de Anaxágoras, que, como él, también estaba acusado de “asebeia”, traducido como impiedad. El tribunal que lo juzgó estaba constituido por 500 ciudadanos escogidos al azar, siendo el resultado de culpable con 280 votos a favor y 220 en contra, y como condena la acusación propuso la pena de muerte. A pesar de que sus amigos intentaron convencerlo de que se fugase, él no lo acepta, precisamente por coherencia con él mismo. Así que una tarde de marzo del año 399 a. C. Sócrates se bebe la cicuta, provocándole la muerte a los setenta años de edad. Y tan grande era, que él mismo tuvo que consolar a sus discípulos por esa condena injusta, que él aceptó tan estoicamente. Solo un alma tan grande puede ser capaz de algo así.

Siguiendo con el hilo de la conferencia y el viaje interior, el profesor Enrique Galbis nos planteó las siguientes preguntas: ¿qué sabemos de la vida?, ¿qué es el ser humano, quién soy yo realmente?

Y claro, ante tales preguntas, las respuestas para nada son simples y banales, y nos damos cuenta de que no sabemos nada de la vida, de que necesitamos conocernos para darle un sentido a la vida y saber quiénes somos realmente, además de plantearse el “cómo llegar a ser”. Conocerse, aceptarse y superarse. ¡Tres grandes máximas!

Volviendo a la mayeútica, el método de Sócrates, él ayudaba a “parir” a las almas, a parir lo que cada alma llevaba dentro. Porque es en el alma de cada persona donde reside toda la sabiduría profunda que tenemos.

Aprender es recordar, palabra que deriva del latín, que significa ‘volver a pasar por el corazón’, o bien, al estilo egipcio, ‘querer con el corazón’. Porque el corazón tiene inteligencia.

Nemosine era la madre de las musas, que abarcan todas las artes, y su papel principal era hacernos recordar lo bueno, lo justo, lo bello y lo noble; así el alma recordaba algo que una vez vivió.

Está claro que todos los seres humanos somos filósofos, todos nos hacemos preguntas del tipo ¿quién soy? o ¿cómo ser feliz?. Todos buscamos la felicidad. Y es a través del viaje a tu interior como se consigue el dominio de uno mismo. Necesitamos mucha paideia, que significa ‘educación’: educar para sacar de dentro lo que todos llevamos y, fomentar virtudes como la excelencia y la formación del carácter, y así poder desarrollar nuestros potenciales internos.

Veintiséis siglos después, seguimos recordando a este gran maestro, de quien tanto tenemos que aprender. Sí, lo ejecutaron injustamente, pero no pudieron con él ni con su legado, ni mucho menos con su ejemplo, que se vio realzado en sus últimas horas de vida. ¡Quedémonos con esto!

Nos sentimos afortunados de haber escuchado al profesor Enrique Galbis por tan bella e instructiva conferencia; sus sabias palabras han sido inspiradoras para todos aquellos que amamos a los grandes ejemplos de la historia.

Author: Sabadell

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